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Os presentamos otra posibilidad para introducir las renovables en tu casa, en este caso la evolución de un método tradicional de obtención de energía.

Podemos definir la biomasa como la materia orgánica susceptible de aprovechamiento energético. Tenemos variados recursos de biomasa susceptibles de convertirse en biocombustibles sólidos, como pueden ser los huesos de aceituna, las cáscaras de frutos secos y, por supuesto, los residuos de montes y de las industrias forestales que pueden utilizarse astillados o en forma de pelets.

Los pelets ó pellets son pequeños cilindros producidos al comprimir serrines, virutas, astillas molidas, restos forestales, restos agrícolas y otros restos de madera principalmente.

"Dos kilogramos de pelets equivalen aproximadamente a un kilogramo de gasóleo"

El sector industrial dedicado a la producción, preparación y distribución de este tipo de biocombustibles se encuentra en plena expansión, detectándose interesantes oportunidades de negocio.

En lo relativo a los tipos de biomasa, podemos encontrar los siguientes:

  • Residuos forestales: se producen durante las actividades forestales en nuestros montes, realizadas tanto para su defensa y mejora como para la obtención de materias primas para el sector forestal.
  • Residuos agrícolas herbáceos y leñosos: se obtienen durante la cosecha de algunos cultivos, como los de cereales o maíz y en las podas de olivos, viñedos y árboles frutales.
  • Residuos de industrias forestales y agrícolas: son las astillas, las cortezas o el serrín de las industrias de la madera y los huesos, cáscaras y otros residuos de la industria agroalimentaria.
  • Cultivos energéticos: son cultivos de especies vegetales destinados específicamente a la producción de biomasa para uso energético.
  • Otros tipos de biomasa: también pueden emplearse para usos energéticos otros materiales como la materia orgánica de la basura doméstica o los subproductos del reciclado de madera o de materias vegetales y animales.

En el caso del aprovechamiento de la biomasa en las viviendas, el uso tradicional de la biomasa más conocido es el aprovechamiento de leñas en viviendas unifamiliares.

Esta aplicación ha evolucionado mucho en las últimas décadas, con la incorporación de equipos modernos, eficientes, versátiles y con las mismas prestaciones que las instalaciones tradicionales.

Una de las mejores aplicaciones de la biomasa es su uso en calefacción, climatización y producción de agua caliente en edificios, en especial los destinados a vivienda en grandes ciudades. Actualmente la mayoría de las aplicaciones térmicas en edificios o redes centralizadas con biomasa suponen un ahorro superior al 50% respecto al uso de combustibles fósiles, pudiendo alcanzar niveles aún mayores según el tipo de biomasa, la localidad y el combustible fósil sustituido.

Las diferencias más destacables entre una instalación de calefacción con biomasa y una de gasóleo o gas radican en su mayor seguridad (al tratarse de un combustible sólido con bajo riesgo de explosión y de emisiones tóxicas), la necesidad de un silo de almacenamiento (mayor que los depósitos de combustibles líquidos), y la necesidad de retirar eventualmente las cenizas producidas y compactadas automáticamente por la caldera. La opción con biomasa es especialmente recomendable para aquellos edificios que dispongan de calefacción de carbón, ya que pueden utilizar el mismo lugar de almacenamiento del combustible.

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